Moving Truth Part 1 2 min read

Algo Cambió

Piensa en alguien que trabajó treinta o cuarenta años y se jubiló. Un abuelo. Un vecino mayor. Alguien de la generación de tus padres.

Al final de su vida laboral — ¿tenía casa propia? ¿Se tomaba vacaciones? ¿Tenía las tardes libres? ¿Se jubiló con algo de sobra?

Ahora piensa en tus padres a tu edad. Las mismas preguntas.

Ahora mírate a ti mismo. Ahora mismo. Hoy.


¿Cuánto posees?

No alquilas. No pagas cuotas. Posees.

¿Qué tan cansado estás — no de hoy, sino de la acumulación de todo? El tipo de cansancio que ya no desaparece los fines de semana. El que ahora tiene nombre: agotamiento. Una palabra que apenas existía hace una generación, porque lo que describe apenas existía hace una generación.

¿Cuánto tiempo libre tienes — y cuando lo tienes, cuánto de él es realmente libre? ¿O le pertenece a la recuperación? ¿A ponerte al día? ¿Al zumbido constante de lo que todavía falta hacer?

¿Cómo se ven tus próximos diez años?

No la versión que les cuentas a los demás. La versión que piensas de noche. ¿Se ve como progreso? ¿Como algo que se construye hacia algo? ¿O se ve igual que siempre — la misma cantidad de dinero saliendo, el mismo terreno por cubrir, la misma distancia entre donde estás y donde te dijeron que estarías a estas alturas?


Tres generaciones. El mismo acuerdo — trabaja, y tu vida será tuya.

Algo cambió en algún punto entre entonces y ahora. El trabajo no se volvió más fácil. Las horas no se acortaron. La productividad aumentó. La tecnología llegó. Todo se aceleró.

Y sin embargo.

Tu abuelo tenía casa con un solo sueldo. Tú alquilas con dos. Tu abuelo se jubiló. Tú no estás seguro de poder hacerlo. Tu abuelo tenía el domingo. Tú tienes el domingo por la mañana, si no surge nada.


Nadie anunció que el acuerdo había cambiado.

Simplemente cambió.

La pregunta es si cambió por accidente.